Otros cultivos

Exportación de lombrices californianas desde Rosario a Irán, vía Internet

Fuente: Cálamo, contenidos para Internet

A fines de diciembre de 2000 se concretó desde Santa Fe la primera exportación argentina de lombrices rojas californianas vivas a Irán. Aunque tanto el volumen como el monto de la operación son reducidos (300 mil lombrices, o 100 kilos de biomasa), abren un mercado hasta ahora inexplorado; y con un perfil de empresa que le da una gran singularidad: ser un negocio construido a través de Internet como herramienta casi excluyente de comercialización.

La capacidad de las lombrices para reciclar la basura y transformarla en un efectivo nutriente para los suelos, la posibilidad de elaborar con su carne harinas para alimentación humana y animal, y los estudios para producir a partir de ellas variedades farmacéuticas como antibióticos, impulsaron en los últimos años el interés por la cría intensiva de estos invertebrados (lombricultura), en especial los de la especie roja californiana. A pesar de ser una especie originaria de Europa, allí solo tiene hábitats naturales reducidos, mientras que en la Argentina hay grandes extensiones con el clima templado óptimo para su crianza.

La empresa que realizó la transacción es Worms Argentina, cuya sede administrativa está en Rosario. Es la misma que efectuó la primera venta del producto a España. Además, colabora en el desarrollo para producir en Argentina un edulcorante natural 300 veces más efectivo que el azúcar de caña, a partir de una planta originaria del noroeste argentino.

Los socios de la firma innovaron también en cuanto a organización del negocio: no los convencieron los tipos de organización tradicionales de la Argentina, y por eso decidieron funcionar a través de células de producción: asesoran a sus criadores asociados y les compran la producción (lombrices y humus) para comercializarla. Además, diseñan y ejecutan sistemas de reciclaje, y arman programas de crianza.

La empresa ya reservó en Internet nombres de sitios relacionados con sus productos y con la futura ampliación hacia otras actividades relacionadas, como los cultivos orgánicos libres de contaminantes o el reciclaje de residuos. Además, planea tener sus en ocho idiomas. Uno de los socios de Worms, Mario Alberto Belosoz, conversó sobre la original estrategia de negocios de la empresa, montada en base a Internet.

¿Cómo se generó la operación con Irán?

Todo nuestro negocio se basa en Internet. En este caso en particular, comenzó hace un año y medio. Fueron meses de tramitar a través de fax, Internet, teléfono, entrevistas con el agregado comercial de Irán en Buenos Aires. Teníamos que esperar un primer embarque –pequeño– para proseguir. El 25 de diciembre a la madrugada nos informaron que había llegado ese primer cargamento en buenas condiciones. Es importante una primer entrada, no por el volumen sino por el cumplimiento del compromiso. Y esto no sólo vale para la lombricultura o el trigo (Irán es el segundo importador de este cereal después de Brasil).

Worms estableció una estrategia de comercialización, tanto interna como externa, centrada en la red. "Nuestra página está en la Web desde fines del 96, porque preveíamos el auge que este medio iba a tener en la Argentina. Trajimos la idea de los EE.UU. en el año 93, y decidimos encarar el negocio con mucho marketing y a través de una herramienta a futuro como Internet", aclara Belosoz.

¿Hay posibilidades de abrir otros mercados para la exportación de lombrices?

Recibimos e-mails de muchos países. Hacemos un seguimiento con el servidor que nos provee de qué región, cuántas visitas, cuál es el horario pico, cuál la página más visitada. Hasta hace poco direccionábamos sólo con www.wormsargentina.com, con un promedio de 190 visitas diarias. Ya tenemos cuatro, y pensamos incorporar más, con lo que prevemos incrementar al menos un 40% las visitas diarias.

Hay un campo interesante para abrir: productos orgánicos, animales deshidratados, agricultura extensiva, creación de nuevos alimentos que aporten valor agregado. Cuando tengamos volumen se podrá crear algún centro de investigación para desarrollar productos farmacológicos. Pero por ahora eso no es posible, y no nos vamos a diversificar hasta que no pisemos sobre seguro.

Lo concreto hoy es el negocio de lombrices vivas para el reciclado con España, Irán, Brasil (Aruba) y Canadá. Pensamos también en armar una logística con alguna empresa del exterior para que nos retire el producto y lo coloque.

¿Cómo ven el mercado externo?

Tenemos sólo la información que recogemos a través de Internet, por las comunicaciones que entablamos y los pedidos que nos hacen. De ello deducimos que el mercado crece, y que aún está virgen. Si bien hay muchos países que trabajan en este tema desde hace tiempo, el aumento de las exigencias en cuanto a defensa del medio ambiente –sobre todo las naciones más desarrolladas– hace que ya su producción no les permita autoabastecerse. Aparte, nosotros somos más baratos.

¿La producción local puede competir?

Sí, a pesar de que el país tiene un tipo de cambio alto atado al dólar. Tratamos de abaratar nuestros costos. Queremos comprar a nuestros productores a un precio conveniente para ambos. Nos manejamos con los criadores que hemos generado, porque sabemos lo que producen y ellos saben lo que queremos. Se reducen así los costos porque no hay pérdida de tiempo en explicaciones y negociaciones.

Lo que sucede es que nosotros salimos al mercado externo hace sólo siete meses, y por más que hayamos hecho las cosas bien hay factores que juegan en contra: los argentinos no somos confiables, pues hemos faltado muchas veces a nuestros compromisos comerciales.

¿Hay otros exportadores de la Argentina?

Somos los únicos en el tema de carnes. Pero no hay datos oficiales. Los únicos son los que nosotros hemos cargado a partir de abril, y que estarán disponibles recién en marzo de este año. Eso está registrado en el Senasa y en la Aduana.

¿Por qué adoptaron una estructura diferente a la que predomina en la actividad?

Para poder comercializar un producto con continuidad primero hay que tenerlo. Y en este sentido vemos muy problemático el tema de las asociaciones tradicionales argentinas, como las cooperativas. Por eso buscamos otro tipo de organización: gente que se quiera iniciar en la lombricultura para comprarle la producción y obtener volumen a un precio competitivo. Desde fines del 96 venimos generando productores pequeños para poder formar con ellos otros más grandes, los que van a estar afianzados a fines de este año o principios de 2002.

Worms no tiene personal propio, sino que terceriza todos los servicios. "Pensamos que hoy lo correcto es armar pequeñas células de producción para poder bajar los costos y cambiar rápidamente la línea de producción. Esto es imposible con una gran estructura, sobre todo cuando la característica de los negocios obliga a una renovación permanente, aún cuando se obtengan éxitos parciales. Hay que saber elegir las herramientas y saber a quien dirigirse", afirma Belosoz.

La operación con la República Islámica de Irán consistió en un envío parcial de 300 mil lombrices, lo que implica unos cien kilos de biomasa más el substrato necesario para mantener los animales durante el viaje. Partieron en avión desde Ezeiza en diez contenedores presurizados con una temperatura controlada de entre 10 y 18 grados. Cada uno contenía 10 kilos de materia viva y 15 de substrato. Belosoz reitera que los montos no son relevantes por sí mismos. "Lo importante es que el embarque haya llegado bien, lo que abre la oportunidad de negocios por los próximos cuatro años. Estamos tramitando un viaje a Irán para junio o julio, pues también les ofreceremos asesoramiento".

¿Cómo se inició Worms Argentina?

Empecé esto con un artículo sobre lombricultura que leí en junio del 85. Luego vinieron años de recolectar información sobre el tema. En 1993, con mi socio, Silvio Pajón, vimos el tema en un ciber-café de Miami. Conectamos gente en California, en Orlando: tuvimos entrevistas con técnicos cubanos en Miami; viajamos a Brasil; recorrimos lugares del norte de Santa Fe donde se habían encarado pequeñas producciones y asistimos a muchas reuniones de lombricultores.

Esta etapa insumió cuatro años, tras la cual concluimos que no podíamos contar con la gente que ya estaba en la actividad porque detectamos vicios que nos impedían diagramar nuestra propia estructura de empresa. Lo que vimos es que hay muchas trabas, y lo que hay que conseguir es negocios. Hay un montón de cámaras y asociaciones pero hasta donde sabemos no han concretado operaciones de importancia ni abierto mercados.

Entonces decidimos, en el año 96, armar un sitio de Internet. Y diagramamos un sistema de trabajo con pequeños productores, por medio del cual nosotros aportábamos las lombrices, le asegurábamos la producción, la gente nos vendía a nosotros y crecíamos en volumen de producción.

La empresa busca ahora atraer inversionistas que le permitan generar volumen para atacar negocios que trasciendan los embarques parciales ya concretados y diversificar los negocios.

 

Lombriz roja: Una especie con ciclo rápido y múltiples derivados

Fuente: Netconómica

Se conocen más de 1.800 especies de lombrices, invertebrados pertenecientes al grupo de los anélidos o gusanos segmentados. De todas ellas, la lombriz roja californiana (Eisenia foétida) es la más utilizada en lombricultura.

Esta especie es de naturaleza estiercolera, pero ingiere además grandes cantidades de materia celulósica (rastrojos, aserrines, pulpas de celulosa) y cualquier desecho orgánico en descomposición. Llega a comer hasta el 90 % de su propio peso por día, y de esta ingesta excreta entre el 50 y 70 % convertido en un nutriente natural de excelente calidad, el lombricompuesto o humus de lombriz.

Además, la carne de la lombriz se transforma –mediante secado y trituración– en una harina de alto valor proteico. Se utiliza en alimentación humana, como complemento en la elaboración de hamburguesas, picadillos y embutidos. Con él también se elabora alimento balanceado para animales.

La lombriz californiana se puede criar en concentraciones muy elevadas (40.000 a 50.000 por metro cuadrado) y puede reproducirse a gran velocidad. Son animales hermafroditas (cada individuo posee aparato genital masculino y femenino). En condiciones óptimas, cada lombriz pone un huevo cada 10 días, que puede producir de 2 a 18 crías. Llegan a la madurez sexual a los 2 o3 meses, y al estado adulto entre los 9 y 12 meses. En esa etapa alcanzan un tamaño de entre 6 y 7 cm, y un peso de 0,6 a 0,8 gramos. Su promedio de vida es de 16 años.

El producto de la digestión de las lombrices, el lombricompuesto, es un abono bio-orgánico de aspecto suave, liviano, desmenuzable y sin olor. Posee una textura similar a la de la borra del café. No solo contiene una apreciable concentración de nutrientes, sino también una población microbiana que mineraliza la materia orgánica del suelo. Por eso, a diferencia de otros abonos orgánicos naturales, el humus de lombriz es utilizado por las plantas en el estado que se encuentra, sin necesidad de transformarlo. Además, contiene óptimas cantidades de calcio, potasio, fósforo y otros minerales; una amplia gama de enzimas que cumplen un papel relevante en la fertilidad del suelo, y elementos fitoreguladores (hormonas vegetales) que ejercen una acción positiva sobre el crecimiento de las plantas y su resistencia a las enfermedades.

El humus de lombriz impide la pérdida por lavado del suelo del potasio y del nitrógeno, y la insolubilización del fósforo, además de aportar ácidos húmicos y fúlvicos.

Este proceso de reciclaje, a su vez, indujo a utilizar a las lombrices en sistemas de tratamiento de residuos cloacales. En algunos de estos proyectos se ha avanzado varias municipalidades santafesinas, como Esperanza y Sunchales.

La industria farmacéutica también enfocó el estudio de las lombrices. Utiliza el colágeno y, a partir del líquido celomático, se han elaborado antibióticos. Otros ángulos de estudio son la capacidad de este animal para regenerar sus tejidos y su alta inmunidad.


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