El
arroz a nivel mundial
El arroz es uno de los cereales íntimamente
ligados a la evolución de la civilización humana y al proceso de
sedentarización consecuente. El desarrollo de la actividad agrícola
tuvo sustento en productos que permitieran su almacenamiento y posterior
consumo desestacionalizado con la producción. En este sentido se
destacaron el trigo en la región de Asia Occidental, con posterior
difusión a Europa y Africa, el arroz en el Asia Oriental y el maíz en
América. El lugar geográfico donde se inició la
domesticación del arroz todavía no se conoce de forma definitiva. Hay
consenso que la domesticación se produjo en forma independiente en tres
regiones: China, la India e Indonesia, dando lugar a tres razas de
arroz: sínica (conocida también como japónica), índica y javánica
(conocida también en Indonesia como bulu), respectivamente. Hay
indicios de que el arroz se cultivaba en la India entre el 1500 y el
2000 AC, y en Indonesia hacia el 1650 AC. Hallazgos arqueológicos ha
demostrado que el arroz tropical o índico se cultivaba en Ho-mu-tu,
provincia de Chakiang, China, por lo menos hace 7000 mil años. El arroz
se extendió rápidamente desde su hábitat tropical (Asia meridional y
sudoriental) y subtropical (China sudoccidental y meridional) a
altitudes mucho mayores en Asia, en tiempos más recientes, como hace
2300 años en el caso de Japón. En los últimos seis siglos ha llegado
a extremos tan lejanos como Africa occidental, América del Norte y
Australia. El cultivo de arroz llegó a establecerse de forma firme en
Carolina del Sur, Estados Unidos en torno al año 1690. En Europa, el
arroz se cultivó a partir del siglo VIII en Portugal y España, y del
siglo IX y X en el sur de Italia. Producción En el cuadro nº I se reproduce la producción
mundial de trigo, maíz y arroz de las campañas que van de 1996 al
2000. Puede observarse que más del 95% de la producción mundial de
arroz se realiza en países en vías de desarrollo, contrastando con
proporciones menores en los caso de trigo y maíz, con índices del 63%
y del 52% respectivamente. A su vez el 90% de la producción mundial se
localiza en Asia, continente de donde es originario el arroz. Este nivel
de concentración no se presenta en los otros cereales y tiene correlato
con la estructura demográfica mundial. China es el principal productor
mundial, participando con un 35% de la producción, seguida de la India
(21%), Indonesia (8%), Bangladesh (4,7%), Vietnam (4,6 %) y Tailandia
(3,8%). El arroz es también, dentro de los cereales, el que mayor área
ocupa. No obstante, la producción de arroz –en base cáscara-, trigo
y maíz, convergen a volúmenes similares Los rendimientos obtenidos en los diversos países
fueron máximos en Australia, Egipto, Corea del Sur, España, Estados
Unidos y Japón. Hasta 1989, había una fuerte correlación entre los
rindes de arroz y el grado de desarrollo del país. Hoy en día, esta
correlación es menos marcada. Cuadro nº I
Métodos de
producción de arroz Arroz de
regadío Se está describiendo bajo esta definición, al
cultivo al que se le suplementa su necesidad de agua mediante riego. La
roturación del suelo puede realizarse mientras el suelo está seco o
mojado, según la abundancia de agua, pero para el arroz de regadío el
suelo se prepara húmedo o anegado en Asia, mientras que el anegamiento
no se practica por lo general en Europa, Asia y Africa. En los terrenos
excesivamente anegados, que carecen de piso para el paso de máquinas y
animales, el arroz se siembra mediante el uso de azadones de mano.
Independientemente que la tierra se prepare húmeda o seca, el agua
posteriormente suministrada se suele retener mediante el uso de taipas o
camellones. El arroz de riego se trasplanta en muchas regiones
del mundo. En este caso se deja germinar la simiente y luego se planta
en semilleros húmedos durante 9 a 14, 20 a 25 o 45 a 50 días después
de la siembra, trasplantándose seguidamente a mano o con
trasplantadores mecánicos. Otros sistemas son la siembra sin
trasplante, que en Asia se realiza echando manualmente a voleo el grano
pregerminado, mientras que en los Estados Unidos y Australia se siembra
en algunos casos en el agua desde un aeroplano. Finalmente, la última
variante es la siembra sin trasplante en suelo seco. Otros
ecosistemas arroceros El arroz de tierras bajas de secano se
cultiva en suelos anegados de campos muy limitados por diques que pueden
almacernar agua con 0 a 25 cm de produndidad (baja) y con 25-50 cm
(media), superándose algunas veces esta profundidad. No reciben agua de
riego procedente de desviaciones fluviales, represas o pozos, sino que
se alimentan de agua de lluvia o por escorrentía de una cuenca local de
captación. En general este tipo de manejo se identifica con un bajo
nivel tecnológico, escaso uso de fertilizantes y rendimientos escasos,
pero sigue en importancia al arroz de regadío en lo que respecta a
superficie sembrada. El arroz de montaña o de secano se cultiva
en superficies que no tienen diques, y que dependen de las lluvias para
su humedad. En el Brasil, gran parte del cultivo de arroz que se produce
es de secano. En la India y en todo el Asia sudoriental, el cultivo de
montaña es común en las riberas de los ríos al retirarse las aguas al
final de la temporada de lluvias. Los suelos suelen ser densos, y la
humedad residual sostiene por si sola el desarrollo de la planta. El
cultivo de arroz de montaña va desde el cultivo migratorio de zonas
colinosas o montañosas desforestadas que se limpian y queman, hasta
grandes operaciones mecanizadas. Entre estos dos extremos está el
cultivo de arroz de montaña a la que recurren centenares de miles de
agricultores en regiones montañosas en pendiente, que están expuestas
a una grave erosión de los suelos y a frecuentes sequías. Los
cosecheros más pobres de arroz labran esas colinas, con perjuicios ecológicos
gravísimos. En el sur y sureste de Asia, un 13% de la superficie
arrocera total es de montaña. En algunos países de Africa y América
Latina, el arroz de montaña supera el 50% de la superficie nacional
dedicada a este cultivo. Los rendimientos son bajos. El arroz de aguas profundas, el agua es de
por lo menos un metro de lámina durante gran parte de la temporada de
cultivo. En vastas regiones de Bangladesh, así como en partes de los
deltas del Mekong y del Chao Praya, la profundidad del agua puede
superar los 5 m, pero en otras regiones se halla normalmente entre 1 y 3
m. Cuando el agua crece rápidamente después del comienzo de las
lluvias monzónicas, el arroz se suele sembrar a voleo en terrenos no
enlodados que raras veces están circunscriptos por diques de algún
tipo. Las variedades sembradas son altas y foliares, con pocos tallos.
Son sensibles al fotoperíodo y maduran solo después de la temporada de
lluvias. Pueden alargarse y flotar al subir el nivel de agua. Las
grandes obras de construcción de diques y de protección contra
inundaciones que se han realizado en las dos últimas décadas han
mejorado muchos arrozales que antes eran de aguas profundas, convirtiéndolos
en arrozales de secano o de riego en Bangladesh, la India, Tailandia y
el sur de Vietnam. Oferta y
Demanda Mundial En el decenio de 1950, el crecimiento de la
producción arrocera en la mayoría de los países asiáticos se debió
a la expansión de la superficie sembrada, pero en los años 1960 y
1970, el aumento del rendimiento fue más importante. Los factores que
determinaron ese comportamiento fueron la introducción de variedades
semienanas y un mayor empleo de fertilizantes. Las variedades semienanas desarrolladas en el
Instituto Internacional de Investigación sobre el Arroz (IRRI)
presentan un tipo de planta que contrasta con la de las variedades
tradicionales altas y sensibles al fotoperíodo. Sus hojas son erectas,
tienen un fuerte macollaje y una escasa sensibilidad al fotoperíodo. Su
estructura vegetal les permite absorber nutrientes sin riesgo de vuelco
y permite a la luz del sol penetrar en la copa foliar. La duración del
crecimiento es más breve en las variedades modernas, acercándose a los
100 días, contados desde la siembra, lo que permite tres cosechas al año.
Con unos niveles bajos de insumos, rinden más comparados con las
variedades históricamente tradicionales, pero en la práctica el nivel
de insumos, energía, insecticidas y fertilizantes utilizado es mayor,
consecuencia de un esquema de manejo más intensivo. A partir de este
salto tecnológico producido en los años 50, el mejoramiento de
variedades se desarrollo en aspectos de resistencia a plagas de insectos
y a las enfermedades y una mayor resistencia a situaciones ambientales
desfavorables.
El balance de oferta y demanda mundial responde a
ciclos en que la producción supera la demanda y períodos en los que
ocurre lo contrario. A partir del año 1995 la oferta fue superior a la
demanda, situación que prevé revertirse a partir de la campaña
2000/01.
La relación stock final/consumo mundial ha pasado
por diversos niveles en los últimos cincuenta años. En años en los
que el volumen de comercio internacional era bajo, la relación
stock/consumo también lo era (inferior al 14%, y 11% en promedio). Esto
se explicaba porque en se generaban pocos excedentes exportables y la
producción estaba orientada básicamente a satisfacer la demanda
interna de los países. A partir de mediados de los años 70, con los
incrementos en la producción y el aumento de la demanda generada por el
exceso de divisas de los países petroleros, en general demandantes de
materias primas, los stocks mundiales comienzan a incrementarse,
alcanzando su punto máximo a fines de la década del 70 (campaña
79/80). A partir de allí la tendencia comenzó a manifestarse levemente
descendente en períodos cíclicos de seis/siete años de duración. A
partir del año 94, luego de los acuerdos alcanzados en la ronda Uruguay
del GATT, algunos países (por ejemplo Corea del Sur y Japón) tomaron
compromisos de abrir parcialmente sus mercados. Si bien la apertura fue
de tonos moderados, el impactos fue positivo para en la comercialización
de arroz, que comenzó a despegar su correlación de la relación
stock/consumo.
Para comprender la situación actual del mercado
mundial del arroz, es necesario remontarse al incio del segundo semestre
de 1997, cuando se empezó a manifestar en es Sudeste Asiático la
crisis económico financiera , cuyo primer aviso estuvo constituido por
la devaluación de Tailandia. Posteriormente fue seguido por similares
medidas económicas en toda esa región durante 1998. La consecuencia lógica
de esta crisis habría sido el desmoronamiento de los precios del arroz,
pues se debe tener presente que aproximadamente un 90% de la producción
mundial del cereal procede del Asia. Si no ocurrió este hecho fue
debido a los problemas climáticos ocasionados por la corriente del Niño,
entre los que se destaca la sequía que afectó a Indonesia y que fue la
causa de que este país tuviera que importar 6 millones de tn de arroz ,
cuando sus previsiones para 1998 eran de solo 1,5 millones de tn. También
tuvieron que aumentar significativamente sus importaciones de arroz
Filipinas, Bangladesh y Brasil. Surgió entonces una demanda adicional superior a
los 7 millones de tn de arroz elaborado, lo que representa
aproximadamente 1/3 el volumen comercializado en 1997. Esta nueva
situación neutralizó la caída de los precios e incluso alentó una
mejoría de éstos. Adicionalmente provocó un aumento importante en los
volúmenes del comercio mundial y además ciertos desequilibrios, ya que
los países deficitarios del Asia absorbieron prácticamente todos los
excedentes de Tailandia y Vietnam (los dos principales exportadores del
Asia del mundo). Sta nueva situación determinó una disminución de la
presión de venta de esos países hacia Brasil. Estados Unidos, que es el principal exportador del
continente, se vio enfrentado a una demanda adicional por parte de
Colombia, Honduras y México debido a bajas en su producción
atribuibles en su totalidad a la ya mencionada corriente del Niño. Al desaparecer los problemas climáticos derivados
de la corriente del Niño se empieza a producir un incremento de la
producción mundial, alentada por el alza generalizada de los precios.
El consumo mundial no siguió la misma tendencia, lo que ha traído como
consecuencia un incremento de stocks a partir del año comercial
1998/99, que alcanzará su máximo nivel en 1999/00, en que llegaría a
63,13 millones de tn de arroz elaborado. Esta ha sido la causa de los bajos precios
internacionales que se han registrado a partir del segundo semestre de
1999, hasta el presente. Recién a fines del presente año o principios
del 2001 se espera que se revierta la actual tendencia, con una demanda
proyectada que supera a la oferta mundial, lo que producirá una
disminución de los stocks. Dado este panorama, la percepción de los
analistas del mercado internacional considera que a fines del año 2000
o a comienzos del 2001 los precios deberían empezar a repuntar. Para
abril del 2001, los niveles de precios deberían ser superiores a los
que regían en abril pasado. En otras palabras, los precios de la próxima
temporada de comercialización deberían ser superiores a los de la
temporada pasada. El Mercosur no ha escapado de la situación
general que afectó a todos los países del mundo. Brasil, que fue una
de los países afectados por este problema meteorológico, se encontró
con dificultades para lograr su abastecimiento y tuvo que comprar arroz
de al cosecha futura en Estados Unidos (disponible a partir de
setiembre-octubre de 1998). Como sus demanda era desde mayo de 1998,
comenzaron a crearse las condiciones para provocar una importante alza
de precios. Como resultado de esto, se generó un significativo aumento
en la producción de Argentina y Uruguay, principales abastecedores de
ese país, aparte del aumento registrado en el Brasil. A inicios del 1999, se produjo una devaluación de
la moneda brasileñá, lo que alteró fuertemente la competitividad de
la producción en la región. Esto sumado a la sobreoferta que estaba a
punto de avecinarse, desmoronó los precios. En este escenario, Brasil
comienza a aplicar barreras no arancelarias para Argentina y Uruguay. En
octubre de 1999, se impide el ingreso de arroz con cáscara procedente
de Uruguay, aduciendo la presencia de una bacteria cuarentenaria. En
abril del 2000 Brasil prohibe el ingreso de arroz elaborado de Argentina
y Uruguay bajo la acusación de dumping, medida que fue levantada el 8
de junio pasado. Estas disposiciones no lograron sus objetivos, que
básicamente eran los de evitar la fuerte caída de los precios internos
en Brasil. Fue así como en la última temporada este país registró un
muy bajo nivel de precios al productor que en la práctica amenaza con
provocar un fuerte desincentivo a los agricultores de ese país. Argentina y Uruguay también sufrieron las
consecuencias de la situación mundial del arroz y de las medidas
tomadas en Brasil para tratar de aliviar la situación interna. Los
precios al productor rara vez sobrepasaron los 115 u$s/tn de arroz cáscara.
Las expectativas para la temporada que se inicia en el Mercosur están
fuertemente ligadas a la producción mundial, a la espera de señales de
reactivación. |