La necesidad de identificar hacienda -o lo
que se conoce como "trazabilidad"- en Europa ya es una exigencia del consumidor
a partir de la aparición de la "enfermedad de la vaca loca".
Pero... ¿qué es la trazabilidad?
"Es registrar todos los elementos referidos a la historia sanitaria del animal,
desde el nacimiento hasta la góndola, y esto tiene su importancia porque los países que
compran quieren saber qué están comiendo", dijo el presidente de la Cámara
Argentina de la Industria de Productos Veterinarios (Caprove), Oscar Argento.
En épocas de crisis sanitaria mundial (aftosa y vaca loca), el objetivo de la
trazabilidad es la seguridad alimentaria, pero comercialmente sirve para lograr ventajas
comparativas, y para el caso argentino, es recuperar la credibilidad de los compradores
externos y adicionalmente un arma contra el abigeato y la evasión fiscal.
El sistema es voluntario y tiene varias herramientas de aplicación, desde el uso de
chips electrónicos hasta etiquetas de identificación en las orejas. El interrogante,
aún no develado, es cuál de ellas se adapta mejor a la ganadería argentina.
"Ninguna de estas herramientas tienen sentido si no se acompaña con un software
donde se archive toda la documentación, que sea único, y de acceso sólo para ser
auditable en el país y en el exterior"; subrayó el presidente de la Confederación
de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa (Carbap), Dardo Chiesa.
Para Daniel Musi, asesor de Registros Genealógicos de la Sociedad Rural Argentina
tampoco es cuestión de herramientas, sino "del esfuerzo conjunto de todos los
integrantes de la cadena productiva para que el sistema funcione".
En un mercado aún incipiente, la oferta es amplia y la competencia se empieza a sentir
y no es raro encontrar quien reconoce virtudes propias y desnuda defectos ajenos.
El tema ya generó polémicas. Por ejemplo, fuentes del Servicio Nacional de Sanidad y
Calidad Agroalimentaria (Senasa) consultadas por La Nación reconocieron la resistencia
que los consumidores europeos tienen con el microchip aduciendo que se puede desplazar.
Pero los mismos informantes aseguraron la inocuidad del dispositivo y de su seguridad en
cuanto a migración.
En el informe final del seminario internacional sobre identificación permanente de
animales y trazabilidad, realizado en Buenos Aires en 1998, si bien la Unión Europea
recomienda el uso de la caravana, no está expresa una prohibición al microchip,
confirmó el veterninario Hugo Ugartemendia, encarcado de "pasar en limpio"
todas las disertaciones y por entonces, funcionario contratado por el Senasa.
Microchip
También en estos días descartó de plano esta prohibición el consejero agrícola
argentino para la UE, Arturo Ortiz, que además explicó que el bloque está financiando
un estudio en España para la aplicación de microchips en rodeos vacunos.
Pero lo importante, subrayó Ortiz, "es el manejo de la base de datos".
Martín Navarro, asesor del Instituto Rosembusch, explicó que el microchip
electrónico es una herramienta para la identificación individual de animales
"implantable en forma subcutánea en la oreja del vacuno, que no se pierde ni se
corre. Es el documento de identidad del animal".
Carlos Mur, asistente del directorio de la empresa, acotó que han elegido ese sistema
porque "les garantiza la certeza o inviolabilidad de la identificación" y esto
ya forma parte de un programa denominado Carnes Rosembush, cuya prueba piloto, efectuada
en Uruguay, tuvo éxito.
Ese microchip -fabricado en Alemania por AEG Telefunken- lleva un código de diez
dígitos en letras y números "irrepetible", el mismo con el cual el ganadero
asentará en su base de datos la historia del animal. La decodificación del número se
efectúa con el lector electrónico manual Trovan, de origen norteamericano.
Navarro informó que ya identificaron 180.000 vacunos.
El Registro de Trazabilidad de Carne Bovina (RTCB), así patentado en forma particular
por los veterinarios Mario Pugliese, Mario Poli y por el contador Néstor Armelín,
consiste en identificar cada animal con una caravana, registrándolo en el sistema y
simultáneamente tomando una muestra de pelo o sangre para acceder a su ADN (ácido
desoxirribonucleico), que tiene la información genética, que es única.
"La caravana tiene un código alfanumérico irrepetible. Se la coloca en una de
las orejas del animal, mientras que en la otra se aplica un botón, con igual
identificación, por si se extravía la primera", explicó Pugliese.
"Con el ADN se puede comprobar a qué animal corresponde cada corte de
carne", dijo Poli.
En tanto, Armelín subrayó que el registro de cada transacción debe ser obligatoria,
porque, de lo contrario, no hay trazabilidad. "El sistema debe ser auditable",
enfatizó.
La firma Villa Nueva SA, de Villa María (Córdoba), comercializa caravanas. Acaba de
vender 2.800.000 unidades al Senasa para la identificación de toda la hacienda de
Formosa. "Pero más allá de que sea caravana, bolo o microchip, la gente debe saber
que el fin de la trazabilidad debe ser la base de datos y el DTA (Documento de Tránsito
Animal) para controlar con eficiencia el movimiento del ganado. Y en la Argentina no hay
una base de datos del rodeo nacional", dijo Raúl Destefanis, director de la empresa,
que es representante de la firma Allflex, de Gran Bretaña.
Por su parte, la empresa Campos Don Simón SRL, ya comercializa con exclusividad en la
Argentina caravanas y otros dispositivos para la identificación animal de la firma
Reyflex, de Francia. "Además, estamos trayendo del Viejo Continente el software para
realizar la trazabilidad dentro de los frigoríficos", dijo el socio gerente, Daniel
Lewin.
Bolo
"El bolo intrarruminal está encerrado en una cápsula de cerámica inerte que se
coloca con un lanzabolo por vía oral y se aloja en el segundo estómago del animal",
explicaron Carlos Munar y Oscar Goitía, de Avid Microchip Argentina SA.
En su interior el bolo tiene un microchip de identificación con un número. El resto
de la información sobre el vacuno se almacena en una base de datos, explicaron.
Para su lectura, el bolo es detectado con una antena colocada en la manga sin necesidad
de detener al animal. Munar y Goitía dijeron que la información se transfiere a una PC
para su procesamiento en la base de datos. "Con el seguimiento del animal hasta el
frigorífico se obtendrá trazabilidad por lote, luego se podrán identificar las reses en
la faena y finalmente, con código de barras se logrará la trazabilidad total de los
cortes", concluyeron.