
Un año con favorables perspectivas para
fertilizar
Fuente: INTA
"El trigo fue un cultivo pionero en el
desarrollo de la fertilización. Primero con el fósforo, en el sur de la región
pampeana, y después con el nitrógeno en el Norte", comienza señalando Angel
Berardo, docente de la Facultad de Ciencias Agrarias de Balcarce, en un trabajo sobre
manejo de fertilización preparado para Aacrea, del que se extrajo la muy oportuna
síntesis que sigue.
La expansión de la soja y del doble cultivo trigo-soja acentuó la deficiencia de
nitrógeno y sobre todo de fósforo, explicó el profesor.
El alto poder extractivo de la soja, dijo, ha dado lugar a la aparición de la
deficiencia de azufre, que es el tercer nutriente que hay que empezar a tener en cuenta
sobre todo en aquellas zonas donde la oleaginosa es incluida con alta frecuencia en las
rotaciones de cultivos.
Señaló que el trigo, igual que otras gramíneas de invierno, responde en mayor grado
a la aplicación de estos tres nutrientes citados, ya que inicia su desarrollo en una
época del año de bajas temperaturas, que reducen la disponibilidad de nutrientes del
suelo.
Si bien la fertilización del trigo es una práctica masiva, todavía son necesarios
ajustes en las dosis y en el momento y forma de aplicación, para lo que hay que recurrir
a los métodos de diagnóstico.
No siempre los muestreos en el campo, los análisis en los laboratorios y la
interpretación de los resultados son efectuados adecuadamente.
El momento y la profundidad del muestreo, la separación y el número de submuestras,
son aspectos fundamentales. Después de todo eso viene la recomendación de las dosis.
Pero además de los resultados del análisis del suelo, hay que tener presente cultivos
antecesores, sus rindes por tipo y calidad de rastrojos, los años de agricultura del
lote, los sistemas de labranza, el período del barbecho y las lluvias, entre otros.
Recomendaciones
No deben simplificarse demasiado las cosas, por ejemplo, no haciendo muestreos de suelo
o utilizando una o dos dosis de fertilización por simplicidad y rapidez. Los errores de
este tipo inciden bastante sobre los rendimientos y la rentabilidad.
En el sur de la Región Pampeana se usa comparativamente más fósforo que nitrógeno
por lo que los lotes aparecen bastante manchoneados y con las hojas inferiores cloróticas
antes de tiempo.
Más al Norte se nota una cierta resistencia al fósforo.
Se aplican generalmente dosis de fosfato inferiores a las requeridas.
Si los análisis del suelo indican que debe agregarse nitrógeno, éste debe aplicarse
lo más temprano posible, aun en presiembra, incluso a voleo con la última labranza, o,
entre líneas, separado de la semilla, en siembra directa. Las dosis deben ser altas sobre
los lotes de maíz y trigo, por el trigo de rastrojo, especialmente cuando los
rendimientos de esos cultivos fueron elevados, y en los potreros que tienen barbechos
cortos, siempre que el perfil presente suficiente humedad.
Si los rindes fueron bajos por enfermedades, plagas, heladas o granizo, las dosis deben
ser menores.
Para las dosis de fósforo hay que tener en cuenta el nivel de nutrientes del suelo y
los rendimientos que se quieren lograr; las aplicaciones deben incrementarse sensiblemente
si no se fertiliza el cultivo intercalado con el trigo (soja o girasol); debe considerarse
que el consumo de fósforo es de entre 3 y 3,5 kilos por tonelada de trigo o maíz; de 5 a
6 kilos por cada tonelada de soja, y de 4 a 4,5 kilos en el caso del girasol.
La fertilización fosfatada debe efectuarse en línea cuando el contenido del fósforo
sobre el suelo es inferior a 18-20 ppm.
En las zonas más agrícolas es recomendable empezar a realizar el análisis de azufre,
sobre todo si la soja es muy frecuente en la rotación, finalizó explicando Angel
Berardo.
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